lunes, 14 de septiembre de 2009

Fue una broma

Es la noche del 2 de septiembre. Camino concentrado por el centro de la ciudad, la masa acaba de presentarme una vez más cuán lejos me encuentro del entendimiento de sus necesidades y de las mías. Bajo las calles que tengo que bajar, no miro su concretud y sin embargo observo con atención todo lo que me reporta datos de interés teórico. Conservarme con vida es importante. No lo pienso, mas lo sé junto con otras tantas cosas mientras hilvano cauteloso las ideas, las preguntas, las verosimilitudes. Voy recorriendo el circuito metametódico de mis modelos cuando un automóvil pasa rápido a pocos centrímetros de mí justo como debe hacerlo, porque las calles y las aceras son angostas, pero la normalidad se quiebra tan pronto como de su interior algo expulsa un alarido bruto, confundente. Temo. Mi paso era veloz, me encontraba elevando uno de mis pies, evadía un bache cualquiera, pero el grito me hace retraer y elevar más de lo debido mi pierna; mis brazos y atención se contraen, espero una explosión, más datos igualmente aturdidores. No pasa un segundo y el mundo no conserva coherentemente más signos de peligro. Reparo que es un broma y nada más. No termina el segundo y de inmediato el corazón se tranquiliza y el cuerpo regresa a su ritmo anterior. La actividad teorética se restaura, la energéia y la promesa de un érgon futuro continúa y sólo muchos segundos después recapacito y observo que noté que la broma fue coherente y que el mundo podía continuar tal como se iba dando... Pero no estoy riéndome de mí, contemplo todavía que la ética sigue sin ser completada mientras mi oxidación no se detiene. Todavía no alcanzo a producir. Sigo siendo, mi numen, el incapaz del catorce.

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